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5 de febrero de 2024

La Iglesia advirtió que la comida no puede ser una variable de ajuste y reclamó que la asistencia llegue sin dilación

La Conferencia Episcopal emitió una fuerte declaración en medio del reclamo de organizaciones piqueteras y movimientos sociales que denuncian demoras en la entrega de alimentos. Los reclamos apuntan a la ministra Sandra Pettovello

La Conferencia Episcopal le advirtió hoy al gobierno de Javier Milei que “la comida no puede ser una variable de ajuste” y subrayó la necesidad de que la asistencia “llegue sin dilación” a comedores populares y organizaciones de la sociedad civil. La manifestación ocurre en medio de las movilizaciones de grupos piqueteros y movimientos sociales que denuncian que el Ministerio de Capital Humano, que encabeza Sandra Pettovello, demora la entrega de alimentos.

“Ante este escenario de trabajo sacrificado y de bajos ingresos, las familias se privan de muchas cosas. Por ejemplo, una mamá puede privarse de tomar un colectivo y camina para ahorrar, pero de ninguna manera puede no darle de comer a sus hijos. Es decir, la comida no puede ser una variable de ajuste. Es necesario anticiparse para que esta situación no profundice la crisis alimentaria”, destaca en su párrafo central la declaración de la Comisión Ejecutiva de la CEA, que preside el obispo Oscar Ojea.

Y agrega: “El Estado nacional, provincial y municipal, tienen que aprovecharla para que nadie se quede sin el pan de cada día. Todos los espacios de cuidado que dan de comer, todos los comedores comunitarios, de parroquias, Iglesias evangélicas, y de movimientos populares deben recibir ayuda sin dilación”.

Se trata de la primera declaración pública que hace en términos formales la Iglesia Católica y, más allá de que coincide con la repentina movilización de grupos piqueteros que participaron del gobierno de Alberto Fernández, expone un alerta sobre el deterioro de la situación social que están registrando los obispos en sus diócesis. No sólo mediante Cáritas, sino que en cada parroquia se viene produciendo una combinación complicada: más pedidos de comida con menos recursos disponibles.

Las miradas, tanto de la Iglesia como de los piqueteros, apuntan contra la ministra Pettovello. Milei había dicho que sería la única que tendría la “billetera abierta” para atender las consecuencias sociales de su plan de estabilización de shock.

Entre los obispos admiten la necesidad de hacer auditorías, incluso de cambiar el formato de distribución de la ayuda alimentaria, pero advierten que cualquier medida tiene que hacerse “con la comida en los comedores, no sólo de la Iglesia, sino de todas las organizaciones que hace años brindan ayuda esencial” para amplios grupos sociales empobrecidos, principalmente en el conurbano bonaerense y otros conurbanos de las grandes ciudades del país.

“Es decirle a Petovello que la lucha contra el hambre es una tarea comunitaria. Que no es que se puede sola. Y que organizaciones, referentes, también son válidos para distribuir la ayuda social. Por supuesto revisando la transparencia que es algo imprescindible”, explicó a Infobae una fuente que conoce de cerca la problemática y los motivos de la declaración de los obispos.

La declaración de la CEA

“Como obispos, en el trato pastoral con la gente sencilla, hemos aprendido que: “un plato de comida no se le niega a nadie”. Es que en nuestra patria nadie debería pasar hambre, ya que es una tierra bendita de pan. Sin embargo, hoy, a cientos de miles de familias se les hace cada vez más difícil alimentarse bien”, alertó la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal.

Y continuó: “La inflación desde hace años crece día a día y pega fuertemente en el precio de los alimentos. Lo siente claramente la clase media trabajadora, los jubilados y aquellos que no ven crecer sus salarios. También todo el universo de la economía popular, donde prácticamente se trabaja sin derechos. Pensemos en los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los ladrilleros, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado y de servicio”.

Después de alertar que la comida no puede ser una variable de ajuste, los obispos señalaron: “Es necesario anticiparse para que esta situación no profundice la crisis alimentaria. Y para eso se debe facilitar a las personas, las comunidades y al pueblo, aquello que se necesite para ayudar a los más frágiles, especialmente a niños, niñas, adolescentes y adultos mayores. Ante una crisis no son suficientes los paradigmas tecnocráticos, sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos, es necesaria la comunidad”.

Finalmente, la CEA advirtió que “ningún sector de los que hoy están actuando, ninguna institución o Iglesia, podría hacerlo solo. La complejidad de la crisis así lo está indicando. Hay programas como el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) que demostraron tener un impacto muy positivo, son fácilmente auditables y pueden aplicarse a todos estos lugares. Sin interrumpir la actividad de los espacios que continúan brindando asistencia alimentaria, se los puede auditar al mismo tiempo para que den cuenta de su transparencia y de este modo, contribuir a optimizar la ayuda sin descuidar a nadie”.

“Toda esta comunidad, verdadero ejército de amor y servicio, está dispuesta a dar de comer ahora porque hace falta, pero sin renunciar a seguirse poniendo la patria al hombro, para que en nuestra querida Argentina se haga realidad el sueño de Tierra, Techo, y Trabajo para cada familia”, concluyó.

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