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DEPORTES

21 de julio de 2021

DESCARADA ELIMINACIÓN DE BOCA

Robo historico

Antes que nada, la verdad que se antepone al análisis: toda la serie fue un robo. Un descarado robo. Un escándalo. En la ida con el gol anulado al Pulpo Gonález por un foul previo inexistente de Briasco. En la vuelta por un offside de risa. De ésos que están hechos a medida para que el Var decida quién gana o quién pierde. Boca no podía seguir en la Copa y no siguió. Lo sacaron sin vergüenza. En los 180 minutos de un desarrollo parejo, fue más que Mineiro. Pero perdió. Ganó la Conmebol. Unos hijos de Cuca. Quiso el destino que el mismo técnico que lo sacó en la edición anterior con volviera a ser el verdugo. Las imágenes finales de Belo Horizonte muestran a los jugadores descontrolados mientras la gente de (in)seguridad los reprime. Un episodio de violencia fomentado desde hace días por el poderoso presidente del Mineiro.

 

Lo primero que nace es la bronca y luego queda el dolor y una profunda tristeza. Boca se queda prematuramente fuera de la Copa, su principal objetivo. Pero a ninguno de los que jugaron podrá reprochársele algo. Al menos desde la personalidad, la templanza, la guapeza para plantarse y hacerle frente al mejor equipo de la fase de grupos. No sólo no lo sufrió Boca, sino que le ganó los dos partidos. Eso, en alguna medida, tranquiliza: salvo los árbitros (los de campo o los del Var) no lo van a pasar por arriba. Respondió Rossi en sus primeros partidos como titular real, ya sin Andrada: tapó un mano a mano al principio y un tiro venenoso al final. Fueron dos fieras los centrales para bancarse a Hulk, especialmente Izquierdoz (los penales suelen ser injustos con las figuras). Mostró su personalidad Weigandt para plantársele a Nacho y su oportunismo para meter el gol. Se la bancó Sández. No sufrió el medio, bajo un liderazgo claro del Pulpo. Apretaron los de arriba, corrieron, se mataron por el equipo. Se animó Molinas a gambetear en los minutos que tuvo. A todos ellos, entonces, el agradecimiento por haber estado a la altura de la camiseta, por haberla llevado como una segunda piel, por haberla transpirado hasta el último segundo.

 

¿Alcanza esto? No. La dignidad es un primer paso innegociable y Boca fue digno. La jerarquía es otra cosa. A Boca le faltó nivel para ponerse a salvo de los árbitros. Los goles anulados fueron del Pulpo y de Weigandt. No de Pavón, no de Villa, no de Briasco, no de Orsini. De los últimos diez partidos, Boca ganó apenas uno, y en siete no marcó goles. (Ro)Var o no (Ro)Var, eso marca una falencia de un equipo al que los goles se le caían de los bolsillos; que había hecho de eso su principal argumento para ganar partidos (los que merecía y los que no). Faltó lucidez, juego, inteligencia, pero... ¿Es culpa de los jugadores? No, claro. Nadie puede dar lo que no tiene. Acá hay una responsabilidad clara de una dirigencia que no estuvo a la altura del mercado y que tampoco elevó el tono ante el atropello de la semana pasada (impresentable Ameal). Russo aceptó los caramelitos con los que le engañaron el estómago porque no tiene poder para plantarse. Demasiado hizo este nuevo Boca con tan escasos recursos. Y al técnico, eso sí, cabe reconocerle la solidez que mostró la formación en esta serie.

Se terminó rápido la ilusión copera de Boca. Se ve que Román y el Patrón sabían bien de lo que hablaban cuando empezaron a bajar la línea de 2022 como El Año. Ellos, que algo conocen de fútbol, no estaban muy confiados en este plantel que (des)armaron. Ahora quedan cinco largos meses de cabotaje (importante la Copa Argentina porque el rival es River, imprescindible el torneo porque hay que conseguir la clasificación a la Libertadores 2022). Pero ya se sabe que hasta fines del año que viene no hay ningún título importante para festejar. "Si sos bueno, tenés que ganar la Libertadores", dijo varias veces JR. No hay mucho más que escribir.

 

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