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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

21 de agosto de 2023

La historia de la científica argentina que crea pilas a base de yerba mate usada

Florencia Jerez, becaria del Conicet, convierte los restos de la infusión nacional en carbón activado para crear supercapacitores de baterías. Buscan financiación para crear una planta piloto.

En la Argentina, se tiran a la basura más de un millón de toneladas de yerba usada por año. La mayor parte termina en basurales abiertos y rellenos sanitarios. Pero esto bien podría cambiar en unos años. Ingenieros de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) encontraron la forma de convertir los restos de yerba usada en carbón activado para crear supercapacitores de baterías, es decir, pilas recargables.

 

El proyecto surgió cuando la ingeniera química y becaria doctoral del CONICET Florencia Jerez buscaba un tema para su tesis e investigaba temas relevantes para el almacenamiento de energía, uno de los mayores desafíos del mundo actual, y trató de incorporar el concepto de economía circular.

“Vimos que en otros países se estaba valorizando residuos vegetales para producir carbón activado y se nos dio por probar con la yerba mate, ya que es un residuo que es superabundante en la Argentina”.

Este proceso ofrecería una alternativa sustentable a un producto muy requerido por distintas industrias, ya que el carbón activado que se comercializa se obtiene principalmente de la tala y quema de árboles plantados para este fin.

Según contó, desde las primeras pruebas obtuvieron “excelentes resultados”. “Vimos que los carbones activados obtenidos de la yerba mate funcionan bien para almacenamiento de energía”.

Qué son los supercapacitores y para qué sirven

Con ese carbón activado, produjeron supercapacitores, es decir, unos dispositivos de almacenamiento de energía que se usan para liberarla de forma rápida ante picos de potencia, como por ejemplo en el arranque de una computadora. “Se conectan a una batería y permiten alargar su vida útil”.

“Pudimos ensamblar esta pila en un formato de pila botón y probarla y ver que funciona muy bien”, contó Jerez. Ahora, buscan financiamiento para montar una planta piloto móvil, para alcanzar un mayor volumen de producción y así evaluar la factibilidad de llevar el proyecto a escala industrial. Para eso necesitan entre 15 y 20 millones de pesos.

Jerez se mostró entusiasmada con la posibilidad de que las investigaciones que realiza junto a sus compañeros del grupo de Investigación Tecnológica en Electricidad y Mecatrónica permitan “crear una nueva industria y fuentes de trabajo en el país en torno al carbón activado y la producción de supercapacitores”. Además, permitiría sustituir importaciones.

Según explicó, el carbón activado es un producto que usan distintas industrias: “Como es un material muy poroso, que tiene muchos agujeritos en superficie, sirve para la purificación de gases o la remoción de contaminantes del agua como metales pesados o herbicidas. También se usa en la industria cosmética, para cremas faciales y en la industria farmacéutica”.

Cómo se convierte la yerba mate en carbón activado

Tras meses de investigación, la ingeniera sostuvo que lograron diseñar un proceso más económico para la producción de carbón activado. Primero, se seca la yerba para eliminar el agua, luego se cocina en un horno a una temperatura de entre 400 y 600 grados. Se le agrega un agente químico que carcome la estructura de la yerba para generar los poros. Luego, se vuelve a meter el material en el horno y al sacarlo, lavarlo y secarlo, queda listo el carbón activado para su uso.

La yerba que usan para las pruebas es la misma que consume con sus colegas y la que les dejan en un tacho especial los estudiantes de la facultad. Jerez precisó que probaron de hacer carbón activado con yerba usada con hasta tres semanas de almacenamiento y obtuvieron buenos resultados, por lo que cree que se podría generar puntos de colecta.

La científica explicó que además que analizan ahora otros residuos como restos de trigo o de industrias como la cerveza, el olivo y la incipiente industria del cannabis medicinal.

La científica nacida en Olavarría hizo una fuerte defensa de la universidad pública argentina: “Vengo de una familia humilde, mi carrera fue toda financiada por becas del Estado”.

 

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