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CULTURA

25 de julio de 2025

Nicolás Altamiranda: el coplero del oeste que canta desde Mutquín al corazón de Catamarca

En cada rincón de Catamarca hay voces que resisten, que sueñan, que conservan y que crean. Una de esas voces es la de Nicolás Altamiranda, coplero, bagualero, animador, locutor y poeta popular nacido en Mutquín, un pueblo que se abraza a la ladera del cerro como queriendo rozar el cielo. Desde allí, Nicolás ha hecho de la copla su forma de vida, su herramienta de expresión y su puente con las raíces más profundas de la cultura ancestral del oeste catamarqueño.

Conocido y respetado como “el coplero del oeste” o, como él mismo se define con humildad y picardía,  Nicolás lleva décadas cantando, improvisando y representando a su pueblo en escenarios locales, provinciales, nacionales e internacionales.

Una infancia entre coplas y cajas

Su historia comenzó entre las rodillas de su abuelo, donde aprendió sus primeras coplas. A los 9 años, su abuelo lo hizo cantar por primera vez. Desde ese momento, ese arte oral que se transmite de generación en generación se convirtió en parte de su identidad. “Mi madre pensaba que yo le respondía al abuelo, pero en realidad él me enseñaba. Me iba los fines de semana a su casa, y ahí, entre vinito, caja y conversación, siempre salía una copla”, recordó emocionado.

Ese amor temprano lo llevó más adelante a cantar en la escuela, luego a trabajar en radio como conductor de programas folclóricos, y también como presentador de comparsas. Así llegó a representar a Catamarca en las Nueve Lunas de Cosquín, uno de los escenarios más emblemáticos del folklore nacional.

De Mutquín al mundo: Bolivia, Cosquín y más

Uno de los momentos más significativos de su trayectoria fue cuando fue elegido, junto a un grupo de escritores catamarqueños, para representar a la provincia en el Encuentro Internacional de la Copla en Tarija, Bolivia. Allí no solo cantó, sino que se animó a oficiar de animador del evento, presentando a más de 60 copleros en una noche inolvidable. Ese gesto de entrega y espontaneidad lo llevó a ser invitado nuevamente al año siguiente.

“Eso me llena de orgullo. Representar a Catamarca en el país y en el exterior, cantar nuestras coplas allá, es un reconocimiento silencioso, pero profundo”, cuenta con la emoción intacta.

Coplas publicadas y voz colectiva

Hoy, Nicolás también integra el espacio de escritores del sindicato UPCN, donde varias de sus coplas ya fueron publicadas en libros. Próximamente, incluso, saldrá un libro que incluirá uno de sus contrapuntos, una de sus especialidades. “Yo me inspiro en mi tierra, en los cerros, en el retumbo de la caja que imita al eco de las quebradas. Eso es lo que me inspira”, dice.

Durante su paso por la Fiesta Nacional del Poncho 2025, fue parte de una intervención callejera junto al colectivo de las Copleras de Eulalia, con quienes recorrieron el predio llevando su canto de manera espontánea, desde la entrada hasta los distintos stands. “Fue algo mágico, con solo una seña nos entendíamos, como si las coplas nacieran en el momento justo. La gente nos seguía, se detenía, escuchaba en silencio. Eso es lo que vale”, relató con gratitud.

Mutquín, tierra de la ladera

Para Nicolás, Mutquín no es simplemente un lugar: es un sentimiento. “Muchos lo llaman el valle de los aromas, pero no es un valle, es una ladera. Una ladera del cerro donde uno se para incómodo, pero firme. Estamos ahí, cerquita del cielo, colgaditos del manzano”, dice con palabras que pintan una postal poética del oeste catamarqueño.

El reconocimiento oficial a veces no llega, y él lo sabe. Pero lo que sí recibe —y valora profundamente— es el reconocimiento del pueblo, de la gente que se acerca a escucharlo en silencio, con respeto, con emoción. “Eso es lo más valedero. El público te abraza, te hace sentir. Es el verdadero premio”, afirma.

Herencia viva

Nicolás Altamiranda no canta solo por cantar. Canta porque es nieto de la memoria, porque tiene en su sangre la raíz indígena y santiagueña, porque lleva en el pecho el eco de los antiguos. Su abuela paterna era Chasampi, descendiente directa del último cacique de Mutquín. “Por eso no puedo ni quiero olvidar estas raíces, son parte de lo que soy”, afirma con firmeza.

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