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SALUD

11 de julio de 2024

Autocritica: cuando me convierto en mi enemigo

Hacía tiempo que no escribía esta columna que tanto quiero. Y, sinceramente, no sé muy bien por qué. Quizás es ese desconocimiento de las razones, esa misma falta de entendimiento y comprensión la que me frenaba y entorpecía aún más el libre fluir de ideas para poder compartirles. Me sentía vacía de contenido, o ideas que pudieran ser útiles y de ayuda para ustedes, mis queridos buceadores de emociones y lectores de ADN+.

Cada vez que me surgía un tema para escribir, automáticamente me lo boicoteaba, le encontraba el “pero” o el “pelo al huevo”. Con el correr de los días me sentía más ansiosa al respecto, queriendo cumplir con los tiempos de entrega aunque siendo fiel a mí misma en cuanto a ser respetuosa con mis tiempos y mi energía creativa. Y así pasaban los días, entré en un bucle de pensamientos rumiantes que me tenían presa e inmóvil al respecto. Hasta que me di cuenta que esa ansiedad estaba siendo disparada no por los tiempos de entrega o la dificultad de encontrar un tema interesante del cual hablarles, sino de mi misma, sí, de mi propia autocrítica.

Y es así que, al verme una mañana y abrazarme de una manera más compasiva, decidí hablarles de la autocrítica y del impacto profundo que tiene en nuestra mente, en el tipo y calidad de pensamientos que generamos, en nuestro estado de ánimo y en la manera en que impacta en nuestra vida, nuestras decisiones, y los vínculos con las personas que nos rodean. Sí, la autocrítica y la manera en que nos hablamos a nosotros mismos tiene un impacto profundo y muy amplio, que atenta contra el bienestar en todas las áreas de nuestro ser biopsicosocial y emocional.

Para empezar a contarles acerca del efecto de la autocrítica en nuestra vida, intentaré serles breve y clara al hablarles acerca de la concepción evolutiva de nuestro cerebro. Éste, como órgano, está diseñado para protegernos, su función principal es la supervivencia. Es así que contamos con un sistema de defensa que es exquisitamente maravilloso. Todos los días nuevos estudios en neurociencia descubren aspectos que arrojan más luz y nos ayudan a comprendernos mejor. La ansiedad es una respuesta biológica adaptativa a condiciones ambientales que la persona percibe como peligrosas para la supervivencia. Las condiciones externas no crean ansiedad, sino que la disparan (en una zona del cerebro que se llama amígdala) es así que ésta es una respuesta biológica a la amenaza: cuando el sistema nervioso se siente amenazado posee dos mecanismos de defensa principales: el de activación (sistema nervioso simpático) y el de desactivación (sistema nervioso parasimpático).

Cuando evaluamos una situación como amenazante, este sistema se pone en marcha activando todo el organismo para defenderse: ataque o lucha (frente a la ira) o bien huida o parálisis (frente al miedo o ansiedad) de eso que considera peligroso. La ansiedad y todo su repertorio de síntomas físicos (taquicardia, sudoración, pensamientos rumiantes y acelerados, inquietud interna, etc.). Es así que al sentir todos estos síntomas nos convencemos que estamos realmente en peligro. Es aquí cuando vemos que nuestras competencias cognitivas (pensamiento, atención, concentración, memoria, capacidad de análisis, síntesis, etc.) se vuelven en nuestra contra. Y esto es lo que sucede cuando nos autocriticamos: y es que la fuente de amenaza procede desde el interior de nosotros mismos, nuestro yo evaluador y crítico.

Cuando somos críticos con nosotros mismos, así sea en el aparente más ínfimo comentario, y nos atacamos, se activan las mismas áreas cerebrales que si es otra persona o hecho externo el que nos amenaza. Es muy importante tener esto en cuenta cada vez que hacemos un juicio, opinión negativa o crítica hacia nosotros mismos. Ya sea acerca de una acción del pasado, un sentimiento, una decisión, o cualquier cosa relativa a nuestra vida en la que pensamos que “debería haber actuado de otra manera”. Al perpetuarse ese pensamiento en el tiempo activo el sistema de amenaza, sintiéndome mal conmigo, pero sobre todo paralizado con las acciones que me pueden dar la posibilidad de sentir seguridad, calma y ser refugio para mí mismo.

Claro que es normal sentir a veces rabia o enojo en un primer momento cuando nos equivocamos o algo no salió como esperábamos. Solo que es necesario tomar consciencia de esta emoción para que no se perpetúe en el tiempo. Y lograr hablarnos como lo haríamos con un ser querido, con amabilidad respeto y comprensión. Esta función compasiva de calma y motivación también se puede desarrollar y cultivar en nosotros mismos. Lo hacemos cada vez que tomamos consciencia de cuánto este aspecto autocritico guía nuestra vida y nos convierte en nuestros peores enemigos.

La mente autocrítica y no compasiva estimula y construye nuestro sistema de amenaza. El cual está diseñado para salvarnos de un peligro. Es su función alejar así lo bueno que nos ocurre (ya que no es amenazante). Es por eso que nuestra mente es naturalmente como velcro para lo negativo y teflón para lo positivo. Tendemos a dar por consabido lo positivo y nos centramos en lo negativo como si nuestra vida dependiera de ello. Por eso es fundamental practicar y ejercitar nuestra atención y foco en lo positivo, ya que naturalmente (ya que esta biológicamente diseñada para ello) nuestra mente va a centrarse en lo negativo (atención selectiva). Nuestra atención, como función cognitiva, se puede mover y agrandar. Y aquí es importante el discernimiento “¿dónde es saludable para mi mente estar?”.

Y es que cuando la mente se encierra con pensamientos negativos, estos tienden a repetirse una y otra vez como un disco rayado (rumiación), este es un estilo de pensamiento recurrente, intrusivo e incontrolable. La rumiación sobre hechos negativos del pasado puede llevar a una depresión, mientras que si se centra en hechos futuros potencialmente negativos conducen a aumentar la ansiedad.

Y es que cuando estamos en “piloto automático” el sistema de amenaza, tiene el control, y su gran poder consiste en alejar los recuerdos o momentos positivos o gratificantes, apagando el sistema de disfrute. Se prioriza el peligro, por eso es necesario “entrenar” nuestra mente en atender a lo que sí hay en mi vida, a lo positivo y suficiente.

Nuestro sistema nervioso puede encontrarse en dos estados: el estado de alerta/defensa (estoy a la defensiva, hay miedo, aislamiento social, estrés y ansiedad) o en modo seguridad (que es el estado que me permite tres funciones principales: disfrutar, aprender y conectar/ empatizar con los demás). Autocriticarme constantemente me lleva al estado de defensa dificultando el disfrute, gratificación y vínculos con los demás. Se asemeja a una conducta de sumisión, porque nos permite degradarnos ante personas imaginarias que emiten su juicio ante nosotros.

Esto es algo de lo que quería compartirles acerca de la autocrítica. Como les conté es mucho más que una opinión o mirada hacia uno mismo. La autocrítica lejos de motivarme o impulsarme a ser mejor, socava mi autoestima y seguridad personal, me desconecta de los demás porque está muy relacionada al sentimiento de insuficiencia y vergüenza social. El proceso de crítica esconde daño y hostilidad hacia uno mismo.

Cada vez que te sientas no suficiente o te digas cosas hostiles recordá que tu cerebro puede entrenarse para otra cosa. Podés intentar con pensamientos que te asistan: “Lo estoy haciendo lo mejor que puedo”, “hoy soy otra persona, en aquel momento tenía otro nivel de consciencia acerca de mi vida o el mundo”, “no es un error, es un aprendizaje”… Elegí cuidadosamente con cuáles pensamientos vas a relacionarte hoy. No te apegues a todas las propuestas neuronales (pensamientos) que tu cerebro te traiga…

En otras palabras, no te creas todo lo que piensas. Nuestro cerebro no distingue cuando me hablo a mí mismo o cuando el que me habla es otra persona. Por eso es una excelente oportunidad de ser amables con nosotros mismos, tratarnos con la misma consideración y cuidado con que tratamos a los que amamos. Es tan importante entender el daño que nos hacemos mediante la autocrítica constante y a la vez a tener compasión por este comportamiento.

Y es que, como vimos más arriba, la autocrítica es un mecanismo de supervivencia basado en la evolución, diseñado para mantenernos seguros y, por tanto, no debe ser juzgada. Pero sí observada. Estar atentos a ella nos permitirá no estar a la defensiva todo el tiempo, abrir nuestro corazón a nosotros mismos y aceptar nuestra humanidad compartida. Y es que al respetar las limitaciones de nuestra propia vulnerabilidad e imperfección humana accedemos a un grado mayor de capacidad para comprender y comprendernos, y así perdonar pero sobre todo y muy especialmente, perdonarnos…

Por Alejandra Naudi

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